El contenido de En Rango es informativo y no reemplaza la consulta con tu médico. Antes de cambiar cualquier cosa de tu tratamiento, habla con tu equipo de salud.
Lo esencial del episodio
- Estar en rango es pasar la mayor parte del día con la glucosa entre 70 y 180 mg/dL. El objetivo se ajusta a cada persona.
- El sensor y el glucómetro miden cosas distintas: el sensor es para el día a día y el glucómetro para confirmar.
- Casi cualquier persona con diabetes tipo 1 puede beneficiarse de una bomba. Las hipoglucemias y el embarazo son prioridad.
- Con bomba siempre hace falta un plan B: plumas de insulina y las dosis anotadas.
- La educación diabetológica es el primer pilar del tratamiento, con o sin tecnología.
En el primer episodio de En Rango, Josefa Palacio, la Doctorita, se sienta con dos invitados que miran la diabetes tipo 1 desde lados distintos. Ángel Ortiz es endocrinólogo guayaquileño y trabaja en la unidad de tecnología en diabetes del Hospital Universitario Vall d’Hebron, en Barcelona. Juan José Balda vive con diabetes tipo 1 desde 1994 y pasó por casi todos los dispositivos que existen antes de llegar a la bomba de insulina que usa hoy.
La conversación recorre cómo cambió el tratamiento en tres décadas, qué significa de verdad estar en rango y qué hacer cuando la tecnología falla. Es el formato del podcast: la experiencia de quien vive con diabetes, acompañada por la mirada de un experto.
De diez pinchazos al día a la bomba con asa cerrada
Juan José recibió el diagnóstico a los 6 años. Volvía de un viaje a Quito para ver un partido de fútbol y llegó a Guayaquil pálido. Estuvo 10 días internado hasta que dieron con lo que tenía. Su primer recuerdo de la diabetes es despertarse con el dedo pinchado por una enfermera.
En los años 90 el manejo era otro: pincharse unas 10 veces al día, inyectarse una hora antes de comer y quedarse con hambre, porque volver a comer obligaba a inyectarse otra vez y esperar. Durante años fue su mamá quien llevó el control. Él empezó a inyectarse solo entre los 12 y los 14 años.
«La diabetes me hizo ser mucho más ordenado y responsable.» — Juan José Balda
El Dr. Ortiz resume la evolución en pasos:
- Múltiples dosis con insulinas que no llegaban a durar 12 horas.
- Las primeras bombas, totalmente manuales: infundían insulina, pero la dosis la decidía el usuario.
- Los sensores de glucosa, que redujeron los pinchazos en el dedo.
- Sensor y bomba conectados, primero para predecir una hipoglucemia y frenar la insulina.
- La asa cerrada: un algoritmo ajusta la insulina según lo que lee el sensor.
Para los dos, ese último paso es el que más cambió la calidad de vida. Pero no es un sistema 100 % automático: todavía hay que avisarle de las comidas, del deporte, de una enfermedad o del sueño.
Qué significa estar en rango
El nombre del podcast sale de acá. Con la monitorización continua, los datos del sensor se clasifican según el nivel de glucosa:
- En rango: entre 70 y 180 mg/dL.
- Por encima del rango: más de 180 mg/dL.
- Por debajo del rango: menos de 70 mg/dL.
La meta es pasar la mayor parte del día en rango, pero el objetivo se individualiza. No es lo mismo una mujer embarazada que un niño, un adolescente o una persona en situación de fragilidad. Existe además el rango estrecho, entre 70 y 140 mg/dL, que se usa en situaciones concretas y no de forma general, porque perseguirlo todo el día genera mucho estrés.
Juan José lo vive en sus números. Antes de la bomba estaba entre 70 y 73 % del tiempo en rango. Ahora pasa del 85 % y hay días en los que llega al 95 %. Se lo hizo notar el servicio al cliente de su bomba.
Por qué preocupa tanto la hipoglucemia
Josefa plantea una diferencia de percepción: los médicos se preocupan mucho por el tiempo por debajo del rango y los pacientes, más por las subidas. Juan José lo confirma: le preocupan más las hiperglucemias por sus consecuencias a largo plazo, aunque sabe que lo inmediatamente peligroso es la baja.
El Dr. Ortiz explica por qué los médicos insisten. La hipoglucemia grave, la que necesita ayuda de otra persona y suele estar por debajo de 54 mg/dL, se asocia con más riesgo cardiovascular y, si se repite, con más riesgo de Alzheimer a futuro. Además, quien vive una hipoglucemia fuerte puede tomarle miedo a la insulina y mantenerse alto a propósito, lo que complica el tratamiento.
Sensor y glucómetro: complemento, no sustitución
El sensor mide la glucosa en el líquido intersticial y el glucómetro, en una gota de sangre. Miden cosas distintas, y en cambios rápidos, como al comer o hacer ejercicio, pueden separarse unos 20 minutos. Por eso hay personas que confían más en el capilar.
La recomendación del Dr. Ortiz es clara: la monitorización continua es para el día a día, y el glucómetro sirve para confirmar una hipoglucemia o medir cetonas. Si vas a estar más de 3 horas sin acceso a insumos, llévalo.
Hay también falsas hipoglucemias por compresión. Si duermes sobre el sensor, la presión desplaza el líquido intersticial y el registro marca una baja que no existe. Se reconoce porque aparece como una línea roja totalmente plana. En una hipoglucemia real, las hormonas contrarreguladoras hacen que la glucosa empiece a subir sola.
Bombas con catéter o en parche: cuál elegir
Hoy hay dos grandes tipos de bombas integradas al sensor: las que se conectan al cuerpo con un catéter y las que van en parche, como el propio sensor. Según el Dr. Ortiz, no existe un protocolo que diga qué bomba le conviene a cada perfil: los dispositivos avanzan demasiado rápido para un ensayo así. En su hospital, el paciente elige después de que las enfermeras educadoras le muestran las opciones.
«El dispositivo tiene que adaptarse al paciente y no el paciente adaptarse al dispositivo.» — Josefa Palacio
Y si en tu ciudad las opciones son pocas, Josefa y el Dr. Ortiz coinciden: siempre es mejor usar la que se puede que no usar ninguna.
¿Quién es candidato?
Prácticamente todas las personas con diabetes tipo 1. Hay casos en los que el beneficio es mayor y que se priorizan:
- Hipoglucemias frecuentes o graves.
- Embarazo o búsqueda de embarazo.
- Fenómeno del alba: la glucosa sube de madrugada y la persona amanece en 300 o 400 mg/dL.
- Deporte, viajes frecuentes o trabajo por turnos.
En diabetes tipo 2 la bomba es una opción en casos específicos: personas con múltiples dosis de insulina e hipoglucemias, o con requerimientos muy altos, en las que la infusión continua se absorbe mejor que las inyecciones.
Lipodistrofia: por qué rotar importa
Pincharse una y otra vez en el mismo sitio daña el tejido, que se endurece y forma una especie de cicatriz bajo la piel. Ahí la insulina se absorbe peor y pierde efecto. La causa suele ser no rotar los sitios de inyección, y también reutilizar jeringas y agujas.
Juan José lo vivió en un brazo: sus amigos le preguntaban qué tenía. Desde que usa la bomba ya no se le nota. El consejo práctico es tocarse: si sientes una bolita o el tejido duro, coméntalo con tu médico, y no pongas el parche nuevo en el mismo lugar que el anterior.
Viajar con bomba de insulina
Juan José viajó al Mundial y pidió a su aseguradora los insumos de dos meses para un viaje de uno. Lo que recomiendan el Dr. Ortiz y Josefa para cualquier viaje:
- Insumos completos y de sobra: sensores, parches o catéteres e insulina.
- Plumas de insulina y las dosis de insulina lenta y rápida anotadas en papel o en el teléfono.
- Glucómetro, medidor de cetonas y lo necesario para remontar una hipoglucemia.
- El contacto de tu médico tratante.
- Repartir los insumos en lugares distintos, por si se pierde una bolsa.
En el aeropuerto, un detalle que hizo reír a todos: conviene decir que es un infusor de insulina, no una bomba.
Cuando la tecnología falla
Pasa poco, pero pasa: una bomba que se moja o se daña, un catéter que se obstruye. Si te quedas sin infusión, tienes unas 3 horas para actuar, y por eso la pluma de insulina tiene que estar siempre a mano. Con bomba de catéter, lo primero es cambiar el catéter, que explica la gran mayoría de las fallas. Y mejor no cambiarlo justo antes de dormir, para poder vigilar que funcione.
Sin asa cerrada también se puede
No todos pueden acceder a una bomba, y algunos no la quieren. Para el Dr. Ortiz, el tratamiento de base es la educación: una insulina basal que cubra las 24 horas y una insulina rápida en cada comida, idealmente análogos de última generación, que dan menos hipoglucemias. Después, el sensor. Y si la persona quiere y puede acceder, la bomba es el siguiente paso.
La educación además se recicla. La transición de la adolescencia a la adultez o el momento de empezar con una bomba son buenas ocasiones para repasar lo aprendido, porque muchas cosas cambiaron.
Alarmas, sueño y carga mental
Las alarmas de hipoglucemia tienen que estar, pero su nivel se ajusta a cada persona. Si suenan toda la noche, la persona termina ignorándolas, y el día que la baja es real se le pasa. Josefa cuenta que, durante su embarazo, su esposo le decía «la tóxica» a la bomba por todo lo que sonaba.
Aun así, lo primero que mejoraron las bombas fue el sueño: el del paciente, el de la familia y hasta el del médico, que deja de recibir llamadas de madrugada. Y compartir los datos con alguien de confianza da otra capa de seguridad.
Carbohidratos, bolo antes de comer e inteligencia artificial
Contar carbohidratos sigue siendo parte de la educación, aunque la tecnología lo esté simplificando. En el hospital del Dr. Ortiz, personas que no contaban mejoraron su control con la bomba y, con los meses, terminaron aprendiendo a contar. Él cree que pronto bastará con una foto o con decirle a la bomba si la comida es grande o pequeña.
Lo que no cambia es el bolo antes de comer. La insulina rápida empieza a actuar a los 5 minutos, pero su pico llega a los 30, mientras que los carbohidratos se absorben de inmediato. Juan José se la pone unos 20 minutos antes y dice que la diferencia en los picos es enorme. Vale tanto con bomba como con plumas.
Ejercicio y lo que viene
El ejercicio mejora la sensibilidad a la insulina. Juan José lo nota: lleva dos años sin entrenar y necesita más insulina que cuando lo hacía. También aparece un tema nuevo: algunas personas con diabetes tipo 1 tienen sobrepeso u obesidad, y hay medicamentos que, con mucho cuidado y educación, pueden ayudar. Es algo para conversar con tu médico.
Sobre el futuro, el Dr. Ortiz espera sistemas de asa cerrada completos, que integren datos como los del reloj y pidan cada vez menos decisiones a la persona. Lo que más le gustaría ver es una insulina rápida realmente más rápida.
Acceso: la deuda pendiente en Ecuador
En España, la sanidad pública financia la monitorización continua para todas las personas con diabetes tipo 1, porque lo que ahorra en complicaciones compensa el gasto. En la mesa coinciden en que en Ecuador el acceso va muy por detrás. La propuesta que sale de la conversación: que el Estado cubra al menos los sensores para niños y mujeres embarazadas. El Dr. Ortiz suma un llamado a las sociedades científicas y de pacientes para empujar esa conversación.
Para cerrar, Juan José deja un mensaje para quien acaba de recibir el diagnóstico:
«Si no tienes la chance de optar por la bomba, tienes los sensores, y si no tienes los sensores, puedes vivir de forma súper normal pinchándote los dedos e inyectándote de la forma tradicional. No hay excusa realmente para no cuidarse de la diabetes hoy en día.»
Y el Dr. Ortiz, el suyo: el primer pilar del tratamiento es la educación, el segundo es la educación y el tercero también.
